jueves, 27 de octubre de 2011

Casa de Contratación de Indias. SEVILLA INVENTÓLA CORRUPCIÓN INSTITUCIONAL



La Casa de Contratación de Indias se estableció en 1503, por decretos reales de 10 de enero y 14 de febrero, con sede en Sevilla,1creada para fomentar y regular el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo. Su denominación oficial era Casa y Audiencia de Indias y estableció un asiento que dio como fruto un monopolio de comercio con las Indias en el nuevo mundo. Estaba regulada de acuerdo a las Ordenanzas expedidas en Alcalá de Henares en el momento de su creación, y entre sus finalidades se especificaban las de "recoger y tener en ella, todo el tiempo necesario, cuantas mercaderías, mantenimientos y otros aparejos fuesen menester para proveer todas las cosas necesarias para la contratación de las Indias; para enviar allá todo lo que conviniera; para recibir todas las mercaderías y otras cosas que de allí se vendiese, de ello todo lo que hubiese que vender o se enviase a vender e contratar a otras parte donde fuese necesario". Su reglamento fue modificado por las Ordenanzas expedidas en Monzón en 1510 y toda la legislación referente a este organismo se imprimió en1522.

Las Ordenanzas de 1510 son más extensas y minuciosas que las de 1503. Se especifican las horas de trabajo; se determinan los libros de registro que hay que llevar; se regula la emigración; se trata de las relaciones con mercaderes y navegantes; se dispone lo relativo a los bienes de los muertos en Indias, y se le incorpora el matiz científico al incluirse dentro de la Casa de la Contratación al Piloto Mayor -creado en 1508-, encargado de examinar a los pilotos que desean hacer la carrera, y de trazar los mapas o cartas de navegación y el Padrón Real o mapa-modelo del Nuevo Mundo, hasta 1519 en que se crea el puesto de Cartógrafo. Piloto Mayor en 1508 fue Américo Vespucio, sucediéndole más tarde Juan Díaz De Solís y Sebastián Cabot. A mediados del siglo la Casa del Océano -como gustaba llamarla Mártir de Anglería- era un organismo bien reglamentado, con capilla y cárcel propia.

lunes, 24 de octubre de 2011

EL GATO Y LA BRUJERÍA



Popularmente a las brujas se las asocia con ciertas imágenes.
El típico sombrero negro, viejas y feas, con espantosas verrugas en la nariz, un gato negro de compañero, la infaltable escoba para volar, y un gran caldero humeante al fuego...
Pero no todas las historias sobre brujas las pintan tan horripilantes, algunas hablan de mujeres muy hermosas, con ojos seductores, y que tienen la capacidad mágica de transformarse en cualquier otra persona o animal, y con sus encantos logran sacar ventaja de otros y someterlos a su poder.
En la tradición Celta se relata que las brujas consideraban como sus mejores amigos a los gatos erizos, en especial los de color negro. La Bruja utilizaba a su gato, como su sirviente mensajero o secretario y también se decía que era alguna persona transformada por un conjuro, doblegando su voluntad.

Durante la Edad Media nace la falsa creencia de considerar al gato negro como de mal agüero, por pensar que cumplían mandatos de las brujas y esto dio lugar a que los fanáticos sacrificaran a miles de estas bellas e inocentes criaturas. En otros continentes como el Africano los brujos de las tribus zulúes preferían a los gatos de color cobrizo en lugar de los negros.
Según cuenta la leyenda, en el Arca Noé, los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones por lo que Noé preocupado solicitó ayuda del Señor, quien le indicó que debía acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo que Dios le dijo y el león estornudó surgiendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.
El gato es un felino cuya historia y origen se remontan al antiguo Egipto.
Los egipcios inoculaban a los gatos algunas gotas de su sangre para protegerlos de las enfermedades y los malos espíritus. Estaba prohibido matar a un gato, y la pena por hacerlo era de muerte, era tanto el respeto que existía por este noble animal que cuando el gato moría los egipcios se afeitaban las cejas en señal de duelo.
Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de domesticación hacia el año 3000 a. C., debido a la abundancia de ratones que pululaban en los silos de grano que existían en Egipto. El gran valor del gato como cazador de ratones hizo que los egipcios intentasen y lograsen su convivencia doméstica, pese a lo cual el gato no perdió su status divino. La religión del antiguo Egipto incluyó el gato entre sus símbolos sagrados, estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad.
La misma belleza del animal hizo que la diosa Bastet, símbolo de belleza y fecundidad, fuese representada con cabeza de gato.
Fue tal la adaptación del gato a la vida cotidiana de los egipcios, que su muerte era motivo de duelo familiar; Herodoto, en Los nueve libros de la Historia, manifiesta que los moradores de la casa se rapaban las cejas en señal de duelo. Tras su muerte, su cuerpo se embalsamaba y momificaba en locales sagrados, y en el lugar de su enterramiento se colocaba junto a ellos ratones embalsamados. En 1890 fueron halladas en la ciudad de Bubastis amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos.
Los griegos, conocedores del valor del gato como cazador de ratones, intentaron comprar una pareja para hacerlos criar en Grecia; dada la naturaleza sagrada del gato los egipcios se negaron a esta transacción. Pero los griegos, a pesar de este argumento o quizá debido a él, robaron una pareja que llevada a Grecia extendió la raza al resto de Europa.
Para los antiguos griegos, el origen del gato se remontaba a Artemisa, diosa de la caza, que había dado vida al gato para poner en ridículo a su hermano Apolo, que previamente había creado al león para asustarla.
Otra leyenda explica porque los gatos tienen su cola doblada, los gatos siameses tenían la misión de proteger las ánforas llenas de oro en los templos dedicados a las divinidades. Estos animalitos cumplían tan bien su tarea que de mirar la vasija sus ojos se volvieron estrábicos, y como sujetaban firmemente las asas con su cola esta tomó la forma que le conocemos.

Por otra parte los Celtas creían que los ojos de los gatos representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas.
Entre los galos, se castigaba la muerte de un gato con el equivalente de una oveja y su cordero, o a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del gato suspendido por la cola, con el hocico tocando el suelo.
Los gatos llevaron una existencia más que placentera hasta que la Iglesia, hacia mediados del siglo XIII, comenzó una terrible persecución contra ellos, considerándolos como símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas.
El gato aparecía ligado al paganismo de la Edad Media a través del culto de la diosa Greya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica.
Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos tirando del carro de la diosa y, como dice Julio Caro Baroja, una tergiversación de origen mítico es la de "confundir al animal que acompaña a un numen o divinidad con la divinidad misma". Por ello, el gato se convirtió en la base de las "purificaciones" de la Iglesia.
El aniquilamiento de los gatos fue de tal magnitud que cuando la peste negra azotó Europa en el siglo XIV, causando más de veinticinco millones de muertos, apenas sí quedaban ejemplares para luchar contra las ratas, principales propagadores de la enfermedad. Y sin ninguna duda, la plaga fue tan devastadora debido al desenfrenado exterminio de los gatos. La Iglesia alentó de tal forma la persecución de los gatos que llegó a convertirse en espectáculo la quema de estos pobres animalitos en las hogueras de la noche de San Juan.
En el siglo XIV, el Papa Clemente decidió acabar con la Orden de los Caballeros Templarios, acusándoles de homosexualidad y de adorar al demonio en forma de gato.
En el año 1400, la especie estuvo a punto de extinguirse en Europa. Su existencia se reivindica a partir del siglo XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de tan temibles y desoladoras plagas. A partir del siglo XVIII el gato vuelve a conquistar parte de su antiguo prestigio, y no sólo se utiliza como cazador de roedores e insectos, sino que su belleza lo hace protagonista de cuadros, muy especialmente de los de la escuela inglesa, y de motivos escultóricos.
Para controlar a las ratas a bordo de los barcos, los armadores del siglo XVIII decidieron embarcar gatos. Allá donde naufragaban los barcos, los gatos solían escapar con vida. Esto explica cómo estos felinos han llegado a lugares tan dispares como la isla de Marion, en la zona subantártica, o a las Galápagos.

La historia de la brujería en el País Vasco relata un sin número de anécdotas sobre la transformación de las brujas y brujos en animales. Todas son de índole similar. En una de estas historias la protagonista, cansada de que un gato se bebiese la leche recién ordeñada todas las noches, esperó al animal y consiguió en su persecución herirle en una pata. Al sentirse herido el animal gritó como un ser humano. Al día siguiente una pobre vieja, considerada como bruja, amaneció herida en una pierna lo que acrecentó más aún esta creencia

sábado, 22 de octubre de 2011

SANTERÍA CUBANA



¿Qué es la Santería?

La Santería es una religión sincrética de origen caribeño, resultado de la unión de la Religión Yoruba con el catolicismo, es también conocida como Regla de Ocha-Ifá. Sus sacerdotes son conocidos como Babalorichas, "Padres de Oricha" e Iyalorichas, "Madres de Oricha". Los Orichas son un conjunto de Dioses de la Religión Yoruba, que al sincretizarse con el Catolicismo se les dio el nombre de Santos, de esta manera Santa Bárbara se sincretiza con Changó, Yemayá con La Virgen de Regla, etc. Los Babalorichas e Iyalorichas son conocidos también como Santeros o Santeras, debido al término de Santería. Si además trabajan como adivinadores de los Orichas, se les llaman Oriates.

El rango más alto dentro de La Santería lo tienen los sacerdotes y sacerdotisas de Ifá. Tanto los sacerdotes como las sacerdotisas de Ifá reciben a Orunmila quien es el Oricha de la Profecía, la Sabiduría y el Conocimiento, este se sincretiza con San Francisco de Asís. Los sacerdotes de Ifá son conocidos como Babalawos que significa "Padre que conoce los secretos" y las sacerdotisas como Iyanifás o "Madre del Destino", estas pueden ejercer todas las funciones y ceremonias excepto entregar o mirar a Igba Iwa Odu. A las mujeres también se les inicia como Appetebi Ifá, "Esposa de Orunmila". Los Orichas más conocidos en la Santería son Elegua, Ogun, Ochosi, Ochún, Changó, Oyá, Obatalá, Yemayá y Orula.

La Santería adora a un Dios único, a una entidad central, la cual creó todo lo que existe, a la que denominamos Oloddumare. Oloddumare se expresa en el mundo a través de la extensión de él mismo, del cual salió todo lo que existe y a él todo debe regresar, a esto se le denomina Ashé. Ashé es la base absoluta de la realidad, es la corriente divina que expresa el poder de Dios en todo lo que nos rodea, es la fuerza cósmica e invisible que proviene del Creador.

Los santeros y santeras creemos que nuestra vida ha sido elegida por nosotros mismos antes de nacer, pero cuando llegamos al plano terrenal muchas veces nos desviamos de nuestros objetivos por las particularidades del ambiente que nos rodea. Para lograr una comunión con nuestro ángel de la guarda, y llegar con más facilidad y menos obstáculos a esos objetivos que ya hemos decidido de antemano es que vienen a ayudarnos los Orichas y la ceremonia de coronarse Santo, donde los Santos a través de su Oráculo nos aconsejan y nos guían hacia nuestro destino.

Los Santos u Orichas son extensiones también de Oloddumare, son los protectores de la raza humana, y desde que nacemos cada Oricha nos ha escogido para ser nuestro protector o Ángel de la guarda. Conocer quién es nuestro ángel de la guarda conlleva una ceremonia donde a través del oráculo de Ifá, babalawos o grandes sacerdotes de la Santería nos dan a conocer por cual Oricha hemos sido elegidos. Muchas veces tenemos características similares a nuestro Ángel de la Guarda, así los hijos de Changó, el dios guerrero, se caracterizan por su valor y su sentido de la justicia.

Santería: Es una religión donde se sincretiza la Religión Yoruba y el Catolicismo.

El universo en la Santería:

Olodumare
Es el creador y único Dios. De Él proviene la energía que sostiene el universo entero, y que se llama Ashé (comparable al Chi o al Tao en religiones orientales, y a la Gracia cristiana). Olodumare nunca puede representarse pictóricamente y no tiene atributos humanos. Sin embargo, otro nombre más humanizado de Olodumare es Olorún, figura masculina cuyo nombre significa "dueño de los cielos".

Los Santos u Orichas
Directamente emanados de Olodumare, los y las Orishas son guardianes e intérpretes del destino universal. Algunos fueron humanos en un remoto pasado, y por su vida extraordinaria llegaron a la dignidad espiritual de los Orishas. Son venerados con rituales, música, comidas especiales y oraciones, y se manifiestan a través de sacerdotes y/o sacerdotisas que poseen o habitan temporalmente. Ofrecen ayuda y consejo en todos los campos de la vida.

Los Egungun
Son los ancestros o antepasados directos de cada familia, venerados en sus propios altares familiares o comunitarios. Su misión es asegurar la continuación de la sociedad Yoruba y de la justicia social a todos los niveles. Son también, en general, los espíritus de personas fallecidas.

Los seres humanos
Esta categoría incluye tanto a las personas que están vivas como a quienes están por nacer. Su poder es fundamental, porque sólo los seres humanos pueden realizar las intenciones y deseos de los Orichas. Sin embargo, son libres de hacer el bien o el mal.

Las plantas y animales
Son mutuamente dependientes de los humanos, quienes a su vez los necesitan para su supervivencia y alimentación. Son fuente de curación, alimento y sacrificio. Plantas, animales y humanos dependen todos de la tierra, divinizada como Onile.

Las otras cosas
Piedras, nubes, ríos y metales se consideran seres con voluntad, poder e intención. Los astros son la residencia de los Orichas, los Egungun y de Olorún, quienes pertenecen a otra dimensión paralela a la visible.

jueves, 20 de octubre de 2011

Virgen de Chiquinquirá en Maracaibo

Cuenta la historia que una humilde anciana lavandera habitante de un barrio humilde de Nueva Zamora de Maracaibo denominado El Saladillo, en la provincia de Venezuela cumplía su faena en las orillas de la laguna de Coquivacoa cuando una tablita llego a sus manos, sin ninguna particularidad que la hiciere especial, pero al parecer la misma fue recogida por la lavandera dándole la utilidad de tapa para la tinaja de agua. Al tiempo a la anciana le pareció reconocer en la tablita una imagen muy borrosa de carácter religioso y quizá por reverencia la colocó en una de sus paredes. El martes 18 de noviembre de 1709 se encontraba absorta en sus que haceres, por lo que no prestó atención a una serie de golpes que se escuchaban en la pared donde colgaba la imagen. Los golpes se escucharon de nuevo, pero ella no se movió. Sin embargo, a la tercera vez, se dirigió extrañada al lugar de donde venían los golpes y sorprendida vio cómo en la tablita se apreciaba claramente la imagen de la Virgen de Chiquinquirá y salia de ella una luz brillante. La sorpresa de tal fenómeno la llevó a la calle donde comenzó a gritar: "Milagro, milagro" y con esto se dio inicio a la gran devoción de los zulianos hacia la Madre de la parte física de Jesús. La imagen se presume fue lanzada como despojo en aguas del mar, de un saqueo de algún pirata en el por aquel entonces Virreinato de la Nueva Granada (hoy Colombia) y se desconoce cuanto tiempo pudo estar flotando en las aguas del mar hasta llegar a la Laguna de Coquivacoa (hoy Lago de Maracaibo). La mirada de la Virgen en la imagen viene dada hacia la izquierda, como dando a presumir que sigue su camino a la entonces Provincia de Venezuela, haciéndose desde entonces la "indocumentada" más querida de este país, presagiando quizá también el gran éxodo de colombianos que han llegado a Venezuela. Luego del portento similar al ocurrido en el vecino Virreinato se quiso trasladar la Imagen a la Catedral de Nueva Zamora de Maracaibo y de hecho se logró hacer hasta cierto tramo de las adyacencias al templo, pero llegada a un lugar determinado la imagen empezó a ponerse pesada en extremo, hasta el punto que hubo que bajarla y dejarla en tierra, sin que luego de esto pudiera ser levantada de nuevo. En vista de las circunstancias a alguno de los pobladores se le ocurrió que quizá la providencia deseaba que la imagen no estuviera en el templo mayor, junto a los mantuanos (los adinerados de la época) sino en la ermita en construcción para ese momento de San Juan de Dios (más acorde con los más desposeídos) hacia el oeste de la ciudad. La sugerencia fue tomada en cuenta y sorprendentemente la imagen recobró su peso original y llegó con honores a la mencionada ermita, hoy convertida en Basilica Menor dedicada a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y San Juan de Dios, en la cual se venera desde entonces.
Ciclo festivo: enmarcado en la celebración de la Feria, a la par del cronograma formal y religioso de actividades se desarrollan otros eventos populares y de masas de acuerdo a las creencias de los fieles. Todos los 18 de noviembre Maracaibo y el estado Zulia en general, han venido celebrando la fiesta de la Chinita, como cariñosamente se le denomina en el país, fecha que se ha convertido a partir de ese entonces, en ocasión de fiestas para los fieles del pueblo zuliano y sus alrededores. Con el alumbrado de la avenida Bella Vista, al son de la gaita (música originada en la época colonial y que hoy en día está dedicada en gran medida a la celebración de las fiestas de la Virgen y protestas del pueblo zuliano), fuegos artificiales que alumbran el cielo marabino, chimbangueles (música de tambores) que retumban, bandas orquestales hay un marco de fiesta, acompañando a la Virgen en su recorrido por las calles donde se dice ocurrió el milagro de la renovación, tal como también sucedió en Chiquinquirá, Colombia.
La devoción a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá es muy grande en la ciudad de Maracaibo y a la misma se le atribuyen multiplicidad de favores, algunos de los más sorprendentes se han exaltado en hermosos vitrales en la misma Basilica.
La Virgen del Rosario de Chiquinquirá es la formal patrona de la Ciudad de Maracaibo, el estado Zulia y de la Guardia Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, fue coronada canónicamente con las ofrendas de oro junto a piedras preciosas y semipreciosas tales como rubíes, zafiros y esmeraldas que su pueblo le ha obsequiado desde la colonia. Dicha corona está sostenida por cuatro ángeles de plata. En la época hispánica la tabla fue cubierta en sus bordes con un repujado de oro, ciertos adornos sobre la imagen como coronas para la Virgen y el niño, la aureola, etc, los cuales han sido retirados en su mayoría a excepción de las corona. Cuenta la imagen con un cetro de oro, zafiros y esmeraldas; la imagen también cuenta con una corona elaborada con piedras denominadas "tumas" obsequio de la etnia guajira.
La imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se ha trasladado en varias oportunidades a múltiples sitios; una de las más recordadas fue cuando visitó la capital de la República y de manera más frecuente ha sido paseada por las diferentes parroquias del estado Zulia, trasladándose en lanchas por el lago y los ríos, en vehículos terrestres y hasta en helicóptero. Hoy estas visitas continúan pero haciendo uso de una replica por resguardo de la imagen original.
Las celebraciones en honor a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, dejaron de ser las modestas fiestas patronales del pasado para adquirir características internacionales de festejo de gran complejidad donde confluyen eventos religiosos y populares, todos reunidos bajo el nombre da la Feria Internacional de la Chinita.
En ella se realizan las famosas corridas de toros, bailes en sitios públicos y privados de la ciudad, amaneceres gaiteros, juegos de béisbol, la gran gala de la belleza, (concurso de belleza que permite elegir a la soberana que será la reina de la feria por todo el año, transmitido porVenevisión a través de su programa Sábado sensacional), el desfile de carrozas y comparsas, además muchas otras actividades.
El 18 de noviembre es un día hermoso en el que todos los marabinos (naturales de Maracaibo) le hacen un homenaje a la Virgen de Chiquinquirá. Ese día es conocido y celebrado como (La Feria De La Chinita)y se celebra con mucho entusiasmo, alegría, fe y fidelidad por todos los habitante de la ciudad. A la par se desarrolla el juego de béisbol Copa la Chinita, actividad deportiva muy frecuentada por la fanaticada zuliana, que se reúne (luego de una larga noche de parranda) a darle ánimo y apoyo al equipo pelotero de las Águilas del Zulia. A la semana siguiente se realiza la procesión de la Aurora y en ella se pasea la imagen desde la basílica a las 3.00 de la madrugada, para que junto a su pueblo reciba el día en la calle. Finalmente, el domingo siguiente se restituye la imagen a su camerín.

Virgen de Chiquinquirá en españa: desde el año 2004 en madrid (españa) veneran a la chinita y se celebra la feria igual que en maracaibo (venezuela) celebrando asi el dia de la patrona en españa, la celebracion se hace en el 17, 18 y 19 de noviembre dando asi para celebrar cada año su feria a la patrona de españa, colombia y venezuela y en diciembre se hace también actividades de la feria en españa el dia especial de la patrona es el mismo dia que se celebra en maracaibo con una misa y después una serenata gaitera con el grupo entre palos y alegrias y también el grupo gaitero madridcaibo es gaita

lunes, 17 de octubre de 2011

La migración de las MARIPOSAS MONARCA


Como una de las maravillas de la naturaleza (dignas de admirar) que año con año se repiten en la reserva del “Santuario de Las Mariposas Monarca”, ubicado en el Estado de Michoacán, México, se puede observar desde el mes de octubre y hasta el mes de abril millones de mariposas que repiten su travesía procedentes de Norteamérica, permaneciendo en estado de hibernación en los bosques michoacanos, principalmente en cinco santuarios ubicados en las poblaciones de Zitácuaro, Ocampo y Angangueo en donde la temperatura normal está cerca de los cero grados centígrados; es una región con bosque de conífera, como el pino, encino y oyamel; con una altitud promedio de 3,300 metros sobre el nivel del mar. Cuando el clima es más cálido está lista para reproducirse y emigrar de nuevo hacía Norteamérica en donde concluye su ciclo de vida.

El oxígeno, protección contra vientos directos y temperatura agradable que se da en las montañas michoacanas son condiciones que necesitan las monarcas. El tapiz que forman sobre los troncos y los racimos que cuelgan de las ramas permiten a las monarca conservar el calor.
El exceso de ellas o los "Nortes" hacen que las ramas se desprendan, regando un sinnúmero de mariposas por el suelo, dejándolas expuestas al frío y la depredación, lo que constituye la principal causa de mortandad.
A mediados de febrero, la búsqueda de flores para extraer el néctar se intensifica, pues hace falta acumular energía para el regreso.
En mi opinión personal puedo decir que la ubicación y clima privilegiados de México permiten que cientos de especies migratorias visiten año tras año nuestro país, y añadir que este es otro de los muchos factores que vuelven a nuestro país más bello e interesante, estos santuarios pueden ser visitados por los turistas siempre y cuando se respeten las normas establecidas para la conservación de las especies.
Indudablemente entre los millones de visitantes que eligen a México como destino de su viaje, la naturaleza también ha elegido a nuestro país como destino de otros visitantes que lo embellecen y distinguen con su migración anual. Además de la mariposa monarca, existen variadas especies de aves, tortugas, ballenas como la gris y jorobada que podemos tener el privilegio de observar durante su migración anual a México.
Comparto un video del santuario de La Mariposa Monarca, sin duda para mí como para ellas, Michoacán es uno de mis Estados predilectos de México.
Incluyo esta breve pero interesante información publicada por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en su portal de Internet:
Alrededor de tres cuartas partes del reino animal están constituidas por insectos; y entre ellos, quizás el más hermoso ejemplar sea la mariposa monarca. Los insectos surgieron sobre la tierra desde hace más de 400 millones de años, la aparición de las mariposas es posterior, data de 200 a 250 millones de años.

La mariposa monarca (Danaus Plexippus Linneo) pertenece al Orden de los lepidópteros. Es originaria del norte de los Estados Unidos de Norte-américa, Es un insecto cuya belleza, colorido, importancia como agente polinizador y factor de equilibrio ecológico, son preponderantes.
Es también altamente resistente a las condiciones variables del tiempo, a título de comparación, podemos decir que las mariposas convencionales tienen un ciclo vital de 24 días, mientras que la mariposa monarca llega a vivir 9 meses; es decir, 12 veces más que las otras.

Proveniente de Norteamérica, llega a Zitácuaro, Ocampo y [Angangueo], Municipios de Michoacán limítrofes con el Estado de México. La llegada de millones de mariposas ocurre a fines de octubre y su regreso a mediados de abril.
Actualmente, esta mariposa realiza un impresionante y largo viaje de más de 4,000 kilómetros, se alimentan en el camino de [asclepias], plantas llamadas lengua de vaca o "algodoncillo", que contienen un alcalóide venenoso para otras especies, pero que para la monarca significa protección; ya que al asimilar los venenos cardíacos producidos por dicha planta, le da un sabor y olor desagradable para los depredadores, así como también la provee de pigmentos colorantes, a su vez, la [asclepia] se beneficia con la monarca, debido a la polinización que ésta efectúa en una extensa zona.
En la zona geográfica que se menciona, las mariposas en condiciones sólo aquí privativas, tales como el oxígeno, portección contra vientos directos y temperatura agradable que se da en las montañas michoacanas de "El Cacique", "El Rosario" y "El Llano del Toro" en Angangueo.
Es muy importante destacar que por la cantidad millonaria de mariposas monarca que concurren a esta región, siendo agentes directos de polinización, Michoacán ocupa un primerísimo lugar mundial en lo referente a su enorme variedad de plantas, flores y frutos.
Por muchos años se pensó que la mariposa monarca pasaba el invierno en zonas tropicales y subtropicales; pero...dónde?. Fue un misterio hasta 1975, en que después de décadas de búsqueda se encontró su lugar de hibernación y para sorpresa de muchos estaba en una zona donde las temperaturas normales están cerca de los cero grados centígrados en una región boscosa con arboles como el oyamel, entre valles y montañas con una altitud promedio de 3,300 metros sobre el nivel del mar, en la majestuosa Sierra Madre
Gracias a que la mariposa es un insecto de sangre fría puede ajustar la temperatura de su cuerpo al medio ambiente, lo que le permite conservar una gran cantidad de energía y grasa que almacena para su largo viaje de regreso.
La razón de su migración radica en que la maduración sexual solo será alcanzada con el calor primaveral, para lograrlo necesitan hibenar en un lugar donde la temperatura las mantenga aletargadas, para que una vez llegado el calor primaveral se reproduzca para poco después emprenda su regreso hacia el norte para concluir su ciclo de vida.
La vida de la mariposa monarca comienza en una planta llamada asclepia donde los huevecillos son depositados y al cabo de un período que dura entre 4 y 12 días, emerge una oruga, la cual se alimenta de las misma planta en la que nació. Durante su etapa de crecimiento, la oruga cambia de piel cinco veces, para la quinta vez la oruga, que ya está completamente desarrollada, se fija a una rama y teje a su alrededor un fino capullo de seda que durará cerca de 12 días, mientras la oruga va sufriendo una metamorfosis que la convertirá en una hermosa mariposa monarca que a principios de abril emprenderá el viaje al norte, cerrando el eterno ciclo de vida que volverá a comenzar el otoño siguiente.

domingo, 16 de octubre de 2011

CUENTOS DEL AMOR VIRIL. Luis Melero ---- MON AMI


MON AMI

Sentado en el coqueto restaurante, Paco Muñoz trataba de prestar atención a la cháchara de su sobrino sin conseguirlo más que a ratos. El chico le había llamado un mes antes, recordándole una promesa que Paco había olvidado:
-Tío, ¿recuerdas que cuando era niño me dijiste que me llevarías a conducir miles de kilómetros para que hiciera prácticas, dando una vuelta por Europa, cuando consiguiera el permiso de conducir a los dieciocho años? Pues acabo de recoger el carné.
Le asombró el hecho mismo de que ya hubiese cumplido dieciocho años más que su memoria insolente, porque la edad del hijo de su hermana le hizo recordar que se acercaba a galope hacia la madurez. Aceptó cumplir ese compromiso que no recordaba y, a la primera ocasión que el trabajo del periódico se lo permitió, le mandó el billete de avión del chico a su hermana, que había pasado todo un mes llamándole para repetirle una y otra vez: "Paco, mi hijo empieza a decir que su tío es un informal. Los niños como Oscar sufren decepciones muy fuertes cuando un familiar les engaña"
El recorrido en coche había incluído Barcelona, Marsella, Génova, Roma, Florencia, Milán, Ginebra, Munich, Bonn, Amsterdam, La Haya, Bruselas, Luxemburgo, París y Burdeos. Ahora bordeaban los Pirineos por el norte, para cruzar Andorra y volver por fin a Madrid. Oscar era lo que era, un adolescente, pero, a los dieciocho años, Paco se deslomaba trabajando y estudiaba por las noches como un adulto, y su sobrino se comportaba a esa edad como un niño irresponsable, caprichoso e indiferente a los problemas y dificultadesde los adultos.
Estaba ansioso por reintegrarse a su vida madrileña habitual, libre del compromiso y del inclemente intolerante que era el muchacho.
Oscar había agotado la canastilla de patés que la astuta mesonera pusiera sobre la mesa, como si fuese un aperitivo gratis, aunque Paco sabía que tendría que pagarla a precio de caviar. A continuación, el chico eligió solomillo, que era el plato más caro de la carta. Menos mal que tenía que conducir y pidió coca cola en vez de una botella de la "Viuve de Clicot". Tras las peras maceradas en vino, reemprendieron la marcha por carreteras sinuosas entre bosques que a Paco, que no conducía, le parecían amenazadores. Temía que pudiera surgir tras un árbol un terrorista que les asaltara para apoderarse del coche con matrícula española.
A los pocos kilómetros de marcha, sus temores se confirmaron. Un coche bloqueaba la carretera y su conductor, un hombre entre treinta y cuarenta años, les pedía por señas que se detuvieran. Paco se puso en tensión. El hombre se acercó a la ventanilla del conductor y habló en francés:
-Se me ha averiado el coche; fundido total. ¿Pueden llevarme a Pau, para contratar una grúa?
Paco supuso que si le permitía entrar en el coche, en el mismo instante sacaría una pistola y les expulsaría, apropiándoselo. Pero era imposible transmitirle mentalmente a su sobrino, sentado al volante, lo que él haría en esa circunstancia: arrollar al intruso, virar en redondo y acelerar en la dirección contraria. Hacia el frente, el coche supuestamente averiado no les permitiría avanzar. Bajó la cabeza, tratando de examinar la cara del sujeto. Éste, notándolo, se agachó un poco más y sonrió ampliamente:
-Por favor -le rogó-. Por esta carretera no pasan ni jabalíes.
Su acento francés era demasiado genuíno para tratarse de alguien cuya lengua fuera otra. La cara le recordaba a Paco la de Jean Marchais, aunque las profundas arrugas que marcaba la risa en las mejillas hundidas resultaban mucho más masculinas. Estaban atrapados, no tenían más salida que jugársela. Le señaló con una inclinación de cabeza que sí, que iban a ayudarle.
-¿Pueden empujar mi coche para echarlo a un lado? La policía me va a multar si lo dejo ahí.
Tras salir, Paco volvió a examinar al sujeto. Visto erguido, tenía un tranquilizador aspecto campesino y no parecía peligroso. Sacaron el coche averiado de la carretera entre los tres y reemprendieron la marcha con el francés, al que Paco le cedió el asiento de copiloto, porque consideró más seguro ir sentado atrás, por si las moscas.
-Me llamo René.
-Mi nombre es Paco y mi sobrino se llama Oscar.
-Gracias, muchas gracias por ayudarme. Tengo que volver a mi granja antes de que anochezca, y resolver este problema me va a tomar lo menos tres o cuatro horas. ¿Viajan de turistas?
-Sí -respondió Oscar, sorprendiendo a su tío, que ignoraba que entendiera el francés.
-¿Les gusta Francia?
-Mucho -dijo Paco.
-Nunca estuve en España, pero me muero de ganas.
-¿Vive usted en esta zona?
-Sí. Tengo una granja ahí arriba, en la montaña. Vivo solo y los animales dan mucho trabajo.
-¿Solo?
-Me quedé viudo hace cinco años y no me dieron ganas de volver a casarme. Tampoco tengo hijos y ahora la gente joven le huye al campo. ¿No les gustaría ser mis invitados allá arriba?
Era una posibilidad. Sólo el deseo de librarse cuanto antes de su sobrino impidió que Paco aceptara la invitación.
Ninguno de sus temores se confirmaron. Dejaron a René a la entrada de Pau, donde, por la insistencia del francés, intercambiaron las direcciones y los números telefónicos, y siguieron el camino por la autopista, en vez de por los caminos bucólicos que Paco había estado eligiendo por ser más propicios para que el muchacho hiciera prácticas de conducción. Por la autopista, llegarían pronto a Andorra y se terminaría por fin el viaje.


A la semana de regresar, Paco recibió un paquete conteniendo seis pequeños quesos de elaboración artesanal y apariencia deliciosa, acompañados de una tarjeta que decía: "Fuiste muy gentil. Aquí tienes lo mejor de mi granja. Con amor, tu amigo francés. René". Esa noche, sonó el teléfono a las once.
-Soy René. ¿Cómo estás?
-¿René? ¡Ah! Qué sorpresa. Gracias por el regalo, pero es excesivo.
-Los fue excesiva fue tu amabilidad. ¿Tuvieron buen viaje?
-Sí.
-Sentí que no aceptaras ser... mi invitado. Habrías visto mi bodega de quesos y cómo los hago. Además, yo... Bueno... aquí en la montaña, tan solo, uno siente... mucha necesidad de hablar con la gente, en vez de con las vacas.
Paco sonrió. Estaba organizando un reportaje que tenía que escribir para el periódico, por lo que no tuvo pensamiento para la extrañeza por el párrafo lleno de pausas y sobreentendidos.
-¿Sigues con el chico? -el tono de la pregunta le sorprendió.
-¿Mi sobrino? No, ya está en su tierra, con sus padres.
-¿Es de verdad tu sobrino?
-¿Qué quieres decir?
-Había imaginado que...
Con dificultad, Paco dedujo que el francés había sospechado que formaban una pareja de amantes. Sonrió de nuevo.
-¿Por qué no vienes a pasar unos días en la granja? Me gustaría tanto...
-A lo mejor más adelante. Acabo de volver de unas vacaciones.


Dos semanas más tarde, el teléfono volvió a sonar a la misma hora.
-Soy René.
-Hola.
-¿Cuándo vas a venir?
-Es muy difícil que vaya este año, René. Ya no puedo pensar en vacaciones hasta el año que viene.
-Podrías pasar un fin de semana. Este sitio es muy bonito. El viaje no te llevaría más de cinco horas.
-Bueno, lo pensaré.
-Pero...
-¿Qué?
-Tengo que advertirte que mi casa, aunque muy hermosa y muy cómoda, es muy pequeña. Sólo dispongo de una cama.
-Entonces, problema resuelto. Iré cuando amplíes la casa.


Pasadas dos semanas, sonó el teléfono de nuevo.
-¿Paco? Soy René.
-¿Qué quieres?
-Decirte que he comprado una cama plegable, por si el problema era que no querías dormir en mi cama.
-Tienes que admitir que encuentre extraña tu insistencia. Apenas nos hemos tratado durante una hora, no somos amigos, casi ni nos conocemos. Me resulta incómodo decirte estas cosas, pero no puedo evitarlo. ¿Podrías explicarme con claridad la razón de tu interés porque te visite?
-Me caiste muy simpático y yo... vivo solo aquí, tan lejos de la gente...
-Todo eso lo comprendo, René. Es natural que una persona joven como tú se sienta oprimido por la soledad, pero ese es un problema que no está en mi mano resolver. Yo vivo y trabajo en Madrid; si te visitara alguna vez, estaría ahí sólo un par de días, lo que no palía en modo alguno tu soledad de manera definitiva.
-Un par de días, estaría muy bien.
-Pero, por el momento, no es posible.
-Te asombraría lo bello que es este lugar.
-No lo pongo en duda.
-Quisiera que sepas...
-¿Qué?
-Mi polla mide veintisiete centímetros.
Sin poder contenerse, Paco soltó una carcajada. Escuchó el chasquido del teléfono; René, amoscado, había colgado.


A las dos semanas, cuando sonó el teléfono a las once, Paco intuyó que se trataba de René. Descolgó el auricular y saludó, pero nadie respondió.
-¿René?.
Se oía la respiración al otro extremo del hilo.
-¿Eres tú, René?
Escuchó el carraspeo. El otro parecía intentar reunir coraje para hablar, sin acabar de decidirse.
-Coño, René, habla; estoy seguro de eres tú.
Nuevos esfuerzos de aclararse la garganta y una tos.
-Bueno, voy a colgar.
-No... espera.
-Eres el sujeto más extraño que jamás haya conocido.
-Me insultaste.
-¿Qué?
-Te reiste de mi problema.
-¿Tu problema? No sé de qué me hablas.
-Del tamaño de mi pene.
-¿Ese es tu problema? Hay millones de hombres en el mundo que quisieran tener esa clase de problema.
-Lo dices porque no es tu caso. A lo largo de mi vida, quien no se ha reído de mí, me ha mostrado miedo por esta cosa tan exagerada.
-Pero... oye...
-¿Qué?
-¿Es verdad que mide veintisiete centímetros?
-Sí.
-No lo puedo creer.
-Ven a comprobarlo.


Durante las dos semanas siguientes, Paco sintió crecer la curiosidad. Si era verdad que tal cosa existía, su espíritu indagador de periodista, funcionando al margen de su voluntad, le inclinaba por ir a certificarlo. Pero le parecía una mostruosidad viajar seiscientos kilómetros para ver un pene, cuyas medidas, muy probablemente, habían sido exageradas por su poseedor para incentivar su interés por el viaje. No, no podía realizar tal desplazamiento por una cuestión de tal carácter aunque resultara cierta la afirmación; lo más probable es que fuese mentira y podía llevarse un cabreo muy serio al comprobarlo.
Involuntariamente, permaneció alerta a las once, cuando debía producirse la llamada de René.
Pasaron las horas, el reloj marcó la una de la madrugada y Paco se acostó, furioso consigo mismo por haber esperado una llamada que no se había producido y que, en realidad, no deseaba que se produjese.
Al día siguiente, sin embargo, fue a hablar con la sexóloga Marta Abellán, que dirigía el consultorio del semanario del periódico.
-¿Es posible que exista un pene de veintisiete centímetros?
-Ya lo creo que sí. ¿Has oído hablar de John Holmes?
-No.
-Ya ha muerto. Era una estrella del cine pornográfico, que calzaba un treinta y cuatro.
-¿Qué quieres decir?
-Que su pene medía, en erección, treinta y cuatro centímetros.
-Pues no le serviría para nada.
-Parece que sí, según cuentan sus compañeros de las películas.
-¿Compañeros? ¿Era homosexual?
-Más bien parece que fuera bisexual. Protagonizó películas hetero y homosexuales. Creo que tengo un vídeo suyo, ¿quieres que te lo traiga?
-No, gracias.


Una nueva semana y René continuaba sin llamar.
Intuía aproximadamente la elaboración mental que el amigo francés había realizado. Le habló del tamaño de su dotación sexual para favorecer la estrategia de seducción y, al ver su reacción, dedujo que el asunto le divertía más que atraerle. Ahora, estaría mascullando la probable mezcolanza de sentimientos opuestos que su rareza le producía: por un lado, la jactancia por ser un superdotado y por otro, el complejo de quien se sabe diferente.
Una diferencia que a Paco le causaba también un conflicto de actitudes: la curiosidad de quien se pasa la vida investigando, la atracción morbosa por algo tan desusado y el escepticismo, porque tenía que ser una exageración.
Con el paso de los días, comprobó que el asunto ocupaba en su pensamiento más tiempo del conveniente.
-¡No me digas que eres un hiperdotado! -exclamó el médico que dirigía la sección de salud del periódico.
-No se trata de mí. Es un... amigo, que afirma tener veintisiete centímetros, pero no me lo creo. Marta dice que sí, que existen penes así, pero su información procede de la publicidad de películas pornográficas, que todos suponemos que deben de exagerar.
-Pero no es imposible, Paco. Veintisiete centímetros es una medida que, aunque enorme, se encuentra dentro de lo razonable. Sé de un sujeto de raza africana que sobrepasaba el medio metro; claro que no se le levantaba, era imposible. Esto sí es completamente insólito, una verdadera deformidad, pero entre los veinte centímetros, que es cuando un pene comienza a resultar excesivo, y los treinta, la estadística aporta casos, pocos, pero lo suficientemente frecuentes como para encuadrarlos dentro de la normalidad, entendiendo la palabra "normalidad" con todas las reservas.
-¿Y son funcionales?
-Funcionales sí pueden ser, pero difícilmente presentan erecciones verdaderas, lo que dificulta la penetración más que el tamaño; y además, es corriente que los penes tan grandes presenten deformaciones, torcimientos y curvaturas. En todo caso, la funcionalidad depende del estado mental, el físico y la relación pene/corpulencia de cada individuo. Lo que sí parece muy común es que estos superdotados sientan complejos, casi más que los pitofláuticos.
-Es posible que esa característica condicione el carácter.
-Sí, es muy posible. Sin embargo, la mayoría de los hombres, incluso algunos muy bien dotados, sueñan con tener un pene mayor.
-Yo no.
-Porque lo tendrás grande.
-Normalito.
-¿Qué entiendes por "normalito"?
-Nunca se me ha ocurrido medírmelo, pero, cuando estaba en la mili, en las duchas no me pareció que lo mío fuera extraordinario en ningún sentido.
-Entonces, medirás entre quince y dieciocho centímetros en erección. Los que más sienten la necesidad de medirse son los que están por debajo y por encima de esos estándares. En fin, Paco, que en cuestión de pollas, vino un barco lleno de modelos y volvió vacío.
-Tengo una curiosidad tremenda por ver si este amigo no miente.
-Ten cuidado, a ver si a tu edad te acomplejas y te da por aspirar a más.


Paco esperó en vano una nueva llamada de René, y la curiosidad crecía entre tanto. De modo que un mes después de la última llamada del francés, fue él quien marcó el número de teléfono.
-¿René?
-¡Paco, qué alegría!
-¿Estás enfadado?
-¿Contigo? No. Estaba triste, porque vi que no te interesaba.
-Oye, creo que podría ir por ahí este fin de semana
-¡Es magnífico! ¿Qué día llegarás?
-Antes de acabar de decidirlo, tienes que...
-¿Qué?
-Tienes que darme tu palabra de que es verdad lo del tamaño de tu pene.
-Te gustan las pollas grandes.
-No se trata de eso, René. Mi interés es periodístico.
-¿Vas a hacer un reportaje sobre mi polla? No es necesario que vengas.
Sonó el chasquido del teléfono. Había vuelto a colgar.


A la noche siguiente, el timbre del teléfono despertó a Paco a las dos.
-Soy René. Disculpa por llamarte tan tarde. Llevo toda la noche dudando si hacerlo o no. No estoy enfadado contigo, pero debes comprender que este problema me acompleje.
-No veo por qué. Si un pene del tamaño del tuyo es funcional, incluso podrías vivir de él haciendo cine pornográfico.
-¿Funcional, qué quieres decir con eso?
-Funcional quiere decir que funciona, que tienes erecciones, que puedes penetrar a una mujer o... a quien desees penetrar.
-¡Oh, sí, claro que es funcional! ¡Demasiado funcional! Pero no me gustaría que eso me convirtiera en un bicho raro en un periódico.
-No quise decir anoche que pretenda hacer un reportaje sobre tu polla, René. Te hablé de mi interés periodístico para describir una circunstancia, una actitud producto de la deformación profesional, no porque piense escribir un reportaje.
-En ese caso, ¿vendrás el fin de semana?
-Sí.


La última etapa del viaje fue más complicada de lo esperado.
La vertiente norte de los Pirineos era hermosísima, llena de valles cubiertos de verde abiertos entre cumbres boscosas que parecían pintadas, pero el estado del camino, a pesar de estar en Francia, resultaba sorprendentemente malo, lo que se agravaba por la sinuosidad del trazado y las frecuentes bifurcaciones, que le desorientaban.
Por fin, descifró a duras penas las indicaciones de René y encontró la granja, que se alzaba muy cerca del camino; tras el edificio, muy antiguo pero bellamente pintado y decorado con flores, el terreno descendía suavemente hacia un torrente.
René acudió presuroso desde la parte trasera.
-¡Paco!
Su alegría resultaba engorrosa, porque era verdadera.
-¿Cuánto te vas a quedar?
-Ya veremos. No lo tengo claro del todo.
-¿Qué te parece el paisaje?
-Extraordinario.
-¿Ves como te decía la verdad?
-¿En todo?
René bajó la cabeza rojo de rubor, lo que asombró a Paco. El francés era tosco, sí, pero poseía un físico envidiable, fuerte y armónico, y su cara era más que atractiva. Y, sobre todo, se trataba de un hombre en la treintena, demasiado viejo para rubores.
-He hecho un plan para tu estancia aquí. Esta tarde, para que desacanses del viaje, no saldremos de la granja; te enseñaré cómo trabajo con el ganado y la elaboración de los quesos. Si te aburres, puedes ver la televisión. Mañana, me levantaré muy temprano, haré las tareas y luego subiremos aquella montaña, ¿ves? Desde allí se ve España.
-A España la tengo muy vista.
-Pero el paisaje te gustará. Además, encontraremos animales por el camino y podrás coger endrinas silvestres. Siempre que me visita gente de la ciudad, se entusiasma con esas cosas.
Paco no podía evitar que su mirada se deslizara hacia la entrepierna de René, a ver si el pantalón permitía apreciar el contenido, aunque se trataba de un rígido y ampuloso pantalón de dril que le cubría como un saco. No le pareció que contuviese nada excepcional, pero lo que sí le parecía excepcional era que René, ante cada una de las miradas, volviera a enrojecer. Y , por encima del rubor, la delicadeza y el afán con que trataba de comportarse como un buen anfitrión, actitud inesperada en alguien que, por su modo de vida, tendría que ser un gañán.
La sorpresa aumentó durante la cena y no por la comida, aunque era deliciosa, sino por cómo arregló la mesa. Los platos, vasos, cubiertos y servilletas estaban dispuestos como los de un hotel del lujo; había un centro de flores silvestres hermosísimas y dos velas rojas encendidas. Todo ello desentonaba de la apariencia de quien lo había preparado, cuyas manos duplicaban casi el tamaño de las de Paco y presentaban los rasguños y callos propios de quien trabaja en el campo.
-¿Sabes por qué he venido?
René bajó la mirada a su plato y volvió a enrojecer.
-Es una tontería que eludamos el asunto, René. De veras que te agradezzco tu hospitalidad, compruebo que eres un anfitrión muy gentil y generoso, pero todo eso no justificaría este viaje. Has tentado mi curiosidad, lo sabes muy bien. Ahora, tengo que ver tu pene.
-Yo...
-Coño, René. Te prometo que si me has mentido, no me voy a enfadar. De todos modos, ver los paisajes que he visto merece la pena. Si te da vergüenza bajarte los pantalones, reconoce que exageraste y me daré por satisfecho.
-¡No exageré!
-Entonces, demuéstramelo.
-Mañana.
-¿Por qué mañana?
-Es que... yo... No quiero que eches a correr.
-Coño, René. Tengo treinta y nueve años, llevo quince en el periodismo, he sido corresponsal de guerra en Irak y en Bosnia... ¿Crees que hay algo que me pueda espantar?
-Mi pene lo haría.
-Estás equivocado.
-Pero yo quería...
-¿Qué?
Sin responder, René se alzó de la silla y corrió a encerrarse en el dormitorio.
Esto acabó de desconcertar a Paco. ¿Cómo podía comportarse igual que una doncella un hombre de sus características? Comprendía que alguien que llevaba una vida tan solitaria, tan apartada del mundo civilizado, poseyera inhibiciones y desconexiones con el desparpajo de la gentre urbana, pero el pudor y los remilgos de René eran desconcertantes. Subió la pequeña escalera, que apenas salvaba un desnivel, y llamó a la puerta.
-He preparado tu cama en la sala -informó René por respuesta.
-Quiero hablar contigo.
-No puedo.
-¿Por qué?
-No me gustaría que conviertas mi granja en un zoológico.
-No te comprendo.
-Cuando veas mi pene, lo contarás a tus lectores y vendrán a estudiarlo como se estudian las cosas raras.
-No, René. Yo no voy a hacer eso. Sal, por favor. Esperaré que me lo enseñes mañana si así lo quieres. Y si no, pues dará igual.
La puerta se abrió suavemente. René se había quitado la camisa. A pecho descubierto, calculó Paco que un publicitario lo contrataría inmediatamente para un anuncio de Marlboro. Había visto pocos cuerpos más macizos y agrestemente varoniles, por lo que resultaba muy desentonante la expresión de adolescente contrariado y cabizbajo.
-Quería que fueras mi amigo -murmuró René, de nuevo ruborizado.
-Bueno, hombre, ¿por qué no? Eres una persona muy agradable y si tú quieres ser mi amigo, yo también. Pero deja de comportarte como si yo fuese el enemigo.
-¿Quieres tomar un whisky?
-No me gusta el whisky. ¿Tienes coñá?
-Claro.
En la sala, conteniendo los bostezos, René encendió el televisor, cuyo volumen redujo al mínimo. Sirvió las copas y, mientras bebían, pronunció un inconexo y largo discurso sobre la vida en la montaña, sus ventajas e inconvenientes, la soledad helada de una cama no compartida, la falta de caricias de una piel que las anhelaba y el despertar en ausencia de voces humanas, hasta que el crepúsculo se esfumó del todo tras la ventana, la noche se cerró, la luz de la luna le bañó de plata la mitad del perfil y René comenzó a bostezar ya continuamente.
-Tengo que levantarme a las cinco, para ordeñar las vacas antes de que subamos al bosque. ¿Podrás dormir en este camastro tan pequeño, no preferirías dormir en mi cama, que es mucho más cómoda?
Paco fingió no captar la súplica implícita. Respondió.
-Esta noche, me quedaré aquí. Mañana, ya veremos; quiero conocerte mejor.
René le miró fijamente a los ojos mientras se desperezaba con los brazos flexionados y las manos en la nuca. Había en su mirada tristeza y decepción.
-Yo no resisto más -explicó-. Es muy raro que me acueste tan tarde.
-De acuerdo, no te preocupes por mí, acuéstate. Si no te incomoda, miraré la televisión todavía un rato. No conseguiría dormir tan temprano; en Madrid, nadie se va a la cama antes de la una.
A solas, Paco meditó durante horas. Se estaba produciendo un cambio imprevisto de su interés Había viajado más de seiscientos kilómetros movido por la curiosidad, sin valorar que la persona que le aguardaba era un ser humano, con su carácter, sus emociones y sus expectativas. René se había revelado esa tarde muy sensible, gentil, afanoso de agradar y, sobre todo, muy necesitado de amor; estaba muy por encima de su rareza física. Había sido injusto.
Cuando comenzaba a vencerle el sueño, escuchó un gruñido. "Bueno -se dijo-, estoy en una granja; lo normal es que haya animales que gruñan por la noche". Pero el gruñido, mugido o berreo sonaba dentro de la casa, estaba seguro; no venía del exterior. Extrañado, se desveló. Gracias al estado de alerta, su oído se volvió más agudo y escuchó el murmullo animal alternado con jadeos y el crujido de una cama agitada. Su desconcierto aumentó. ¿Qué significado tenían tales sonidos?. Ahora, despejado del todo, percibía con claridad que procedían de la parte alta, del dormitorio de René. ¿Tendría problemas? ¿Podía tratarse de una crisis de llanto contenido? Lo que le faltaba, tener que consolar ahora a ese hombretón que podía partirle la cara de un guantazo.
Decidió no encender la luz. Con los pies descalzos, su aproximación no sería advertida y podría volver sobre sus pasos si estaba equivocado.
Escaló lenta y cuidadosamente los siete peldaños para acercarse a la puerta. Se encontraba abierta. Atisbó con cautela para que no le descubriese. En el trayecto, sus ojos se habían acomodado a la luz difusa que derramaban la luna y las estrellas a través de las ventanas, bañando con una claridad azul los muebles y las paredes. En posición cuadrúpeda sobre la cama, y completamente desnudo, René actuaba como si estuviera poseyendo a alguien. No, no se trataba de alguien; lo que René soñaba poseer no era una persona sino un animal, de ahí sus gruñidos impacientes, los golpes que parecía dar sobre ancas inmateriales, las tarascadas brutales que propinaba a la cubierta de la cama y las contracciones violentísimas de sus caderas. Mientras escenificaba el coito sonámbulo en posición de retro y de rodillas, René reproducía en murmullos los sonidos propios del animal con el que creía estar copulando. Visto desde atrás, despatarrado y con sus movimientos impacientes y apresurados, penduleaba entre sus muslos algo que parecía una botella de Valdepeñas colgada entre dos monstruosas hamburguesas oscuras.
Estupefacto, Paco reculó y volvió silenciosamente al catre. Lo asombroso no era confirmar que René no había mentido, sino descubrir que las leyendas sobre el bestialismo de los pastores montañeses eran reales.

sábado, 15 de octubre de 2011

VENECIA: INAUDITA Y SENSUAL


BROCADOS, GÓNDOLAS Y MÁRMOLES,
CÓMPLICES DE DONJUANES Y CASANOVAS.


La isla inaudita de Eduardo Mendoza es la patria de Marco Polo, una rareza universal que fue el escenario galante de Casanova, el amante que más cornamentas regaló a honestos mercaderes. Esta ciudad con cimientos de troncos clavados en un pantano allá por el siglo V, creció con fantasías de mortero, se hizo monumental en ojivas imposibles y sobrevoló las brumas de la Laguna Véneta con ensoñaciones, capaz de trasmutar el mármol en seda, como en el asombroso púlpito de los Gesuiti.

Venecia no se parece a ninguna ciudad de mundo, aunque muchas la hayan imitado (llámense Amsterdam o San Petersburgo) y hay que admirarla hacia arriba, surcando el Gran Canal o las oscuras entrañas acuáticas, para extasiarse con los encajes de bolillos de sus balconadas y las torres galácticas que creen ser gaviotas.


Raphael cantaba que no es indispensable ir a Venecia para el amor... aunque ayude tela marinera, y el carnaval veneciano es un prodigio estético que sugiere toda clase de deleites sensuales, pero no hay que cantar ni carnavalear para penetrar el misterio; en la plaza de San Marcos puedes notar una mirada, ante el Palazzo Ducale sería una sonrisa, y en el puente de Rialto o el colorista mercadillo vecino, un movimiento del cuello. Signos para alcanzar placeres refinados, pero no te equivoques: las italianas del norte, y en particular las venecianas, son tan gentiles, que podrías precipitarte sacando conclusiones erróneas, y encontrarte con que la chica te echa los perros de un sargento de carabinieri o un primo siciliano trajeado de negro. También puede suceder que la mirada, la sonrisa y el movimiento del cuello sean lo que deseas y entonces, tras descubrir atónito adónde puede llegar una lección horizontal de quince siglos de sabiduría amatoria, celebrarás alucinado haber hecho la excursión.
Luis Melero

LO INEVITABLE: Un póker de ases
Más tópico que un botijo, pero hay que sentarse en un café de la plaza de San Marcos, porque no existe en el mundo un lugar donde los ojos se maravillen más mirando en cualquier dirección. Pero si sacaras partido de tirar los tejos, galantéala en góndola por el Gran Canal y si el clima lo permite, recuerda a Thomas Mann en la playa de Lido. Navegando hasta Murano, completarías el póker de ases y la vida será rosa sea cual sea el color del cristal con que la mires.

viernes, 14 de octubre de 2011

EL SECRETO DE LA FELICIDAD

Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven que anduvo cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de una montaña. Allí vivía el sabio que buscaba.
Sin embargo, en vez de encontrar un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que le atendiera.
El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde.
Pero quiero pedirte un favor -añadió el sabio entregándole una cucharilla de té en la que dejó caer dos gotitas de aceite-. Mientras camines lleva esta cucharilla y cuida de que el aceite no se derrame.
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio.
¿Qué tal? –preguntó el sabio-. ¿Vistes los tapices de Persia que hay en mi comedor?¿Vistes el jardín que el Maestro de los jardineros tardó diez años en crear?¿Reparastes en los bellos pergaminos de mi biblioteca?.
El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado.
Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el sabio-. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.
Pero donde están las dos gotas de aceite que te confié –preguntó el sabio-. El joven miró la cuchara y se dio cuenta que las había derramado.
Pues este es el único consejo que puedo darte –le dijo el más sabio de los sabios-:
"El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara. "

jueves, 13 de octubre de 2011

NIÑOS AZULES... Luis Melero

De nuevo sentía necesidad de huir y, como tantas otras veces, sus piernas se encaminaron hacia la colina sin que mediara su voluntad.
Aunque la altura del monte era más bien modesta, la escalada de la ladera resultaba ardua, por lo escarpada y porque el terreno suelto hacía que cada paso fuese más fatigoso que el anterior, ya que esta vez el golpe más fuerte, el que le había propinado su padre con la rodilla, le había alcanzado el muslo derecho cerca de la cadera; un dolor muy agudo que le obligaba a cojear.
No se preguntaba por qué elegía ese sitio después de cada uno de los arrebatos de su padre, cuya razón desconocía, como ignoraba lo que le atraía con tanta fuerza hacia la cima, que alcanzaría en sólo diez o doce minutos más.
Los jaramagos crecían sin orden entre matorrales de chumberas y, más arriba, algunos algarrobos rompían la línea casi perfecta del cono que formaba el monte coronado de riscos. Mirando las orgullosas rocas casi negras, Dany anheló que los niños azules salieran esta vez de su morada de amatistas y rubíes. Eran las cuatro de la tarde, y ellos se retiraban siempre antes del ocaso. Si salían, alegarían muy pronto la proximidad de la noche y se marcharían, pero Dany necesitaba que hoy se quedasen más tiempo con él, al menos hasta que el dolor de la cadera se atemperase lo suficiente para olvidarlo. Sólo contaba once años, una edad en que se alivia pronto el dolor físico.

La piedra sobre la que solía sentarse estaba muy próxima a un tajo que caía en vertical hacia el lecho de un arroyo, ahora seco. Desde ella, miraba el lejano mar durante muchas horas antes de que los niños azules aparecieran, por lo que temía que esta tarde de primavera no vinieran, puesto que sólo quedaban unas cuatro horas de sol. Sobre la aglomeración de edificios, arboledas y torres de la ciudad, la extensión marina refulgía a la derecha del panorama, donde el sol había iniciado ya el descenso. La temperatura era fresca, no podría desnudarse como otras veces para sentir el abrazo amable y reconfortante de la brisa; solía hacerlo no sólo cuando recibía una paliza, también cuando percibía el rechazo de los vecinos de su edad. Si los niños azules no acudían, ¿quién iba a consolarlo? El llanto no le producía hipidos ni ahogos, sólo fluía el manantial de lágrimas tan saladas como el mar añil que contemplaba.
-Hola -dijo el niño azul.
Dany sonrió. Había acudido antes que las demás veces, y solo.
-¿No viene la niña?
-Pronto vendrá. ¿Por qué lloras?
Dany desvió la mirada.
-¿Otra vez tu padre?
Dany asintió con los ojos bajos.
-¿Sabes por qué lo hace?
Dany negó. Se trataba de un misterio para el que no tenía explicación ni conjeturas.
-¿Has sido malo?
-No lo sé. Seguramente sí, pero es que, sea lo que sea lo que molesta a mi padre, nunca me lo dice. Debo de ser muy malo, tan malo como el peor, porque, si no, mi padre no me pegaría tan fuerte y tantas veces, pero nunca me dice lo que hago mal para que yo pueda dejar de hacerlo.
-¿Quieres jugar?
La propuesta paró el torrente que brotaba de los ojos de Dany.
-¿A las adivinazas?
-Todavía no; jugaremos a las adivinanzas cuando venga Celeste. Ahora podemos jugar al juego de la verdad.
-¿Cómo es?
-Yo te pregunto y tú me preguntas. El primero que adivine la verdad del otro, gana. Pero no está permitido mentir en las respuestas.
-¡Qué bien! -celebró Dany-. ¿Quién pregunta primero?
-Empieza tú.
-¿Es tu piel de cristal, como parece?
-No. Ahora pregunto yo. ¿Has faltado al respeto a tu madre?
-No. ¿Sólo hay ese líquido azul en tu interior?
-Hay mucho más. ¿Has faltado al colegio?
-Esta tarde, sí, porque me da vergüenza ir cuando cojeo o tengo moretones en la cara por las palizas de mi padre, porque no sé qué explicación dar; pero nunca he faltado en las últimas dos semanas, desde la última vez que me pegó. ¿Qué más hay dentro de ti, además del líquido azul?
-Pensamientos y sentimientos. ¿Te has quedado jugando con tus amigos del barrio más tarde de la hora que tus padres te marcan para volver?
-No tengo amigos en el barrio. Me rechazan también y no comprendo por qué. ¿Tú rechazas a otros niños?
-Carezco de la facultad de rechazar nada. ¿Has cogido dinero del bolso de tu madre?
-No, qué va; ¿para qué voy a querer dinero? ¿De qué está hecha tu piel?
-De ilusiones de niños como tú. ¿Estudias poco en el colegio?
-El maestro me da muchos premios; dice que soy el más listo de la clase, pero dirá eso porque nunca ha hablado con mi padre, que asegura que yo soy un monstruo. ¿Las ilusiones de tu piel se pueden tocar?
-Mi piel, como la de Celeste, se rompe al menor contacto; desaparecería si me tocaras. ¿Te abraza y te besa tu padre cuando te dan esos premios en el colegio?
-No. Los padres de otros niños de mi calle les compran regalos cuando llevan buenas notas, pero el mío pone una cara muy rara, como si algo oliera mal. ¿Que quieres decir con "desaparecería"?
-No volverías a verme. ¿Crees que molesta a tu padre que seas tan listo?
-No lo sé. Bueno, a veces, a lo mejor. Un día, estábamos en casa de mi abuelo, comiendo, y él dijo que se podía respirar en la Luna; como yo le dije delante del abuelo que es imposible, porque allí no hay oxígeno, luego, cuando íbamos para mi casa, fue todo el camino dándome bofetadas, tirones de pelo y golpes con las rodillas. ¿Por qué no volvería a verte si te tocara?
-Porque soy una realidad intangible. ¿Te golpea tu padre un día o dos después de haber conseguido muy buenas notas en el colegio?
-No me acuerdo; me dan buenas notas casi todos los días. ¿Qué significa "realidad intangible"?
-Que no se puede tocar; una realidad que proviene de la metafísica. Aunque te den buenas notas con tanta frecuencia, ¿no puede ser que ciertos días tus notas sean mucho mejores?
-Claro. A mi maestro le gusta organizar la clase como si fuera un ejército, y anteayer me nombró general. ¿Qué es la metafísica?
-Las causas primeras del ser. ¿No te llama la atención que tu padre te haya pegado a los dos días de ser nombrado general en la escuela?
-No lo sé, ahora no puedo responderte; tendré que pensarlo muchos días. ¿De qué ser eres tú las causas primeras, del mío?
-¡Has ganado!
Dany había olvidado que alguien podría ganar el juego. Lamentó que hubiera terminado, pues Azul le obligaba a pensar en cosas y posibilidades que, de otro modo, nunca se plantearía. Por suerte, acudió Celeste.
-Hola, Dany.
Como siempre, Dany halló sorprendente lo mucho que la niña se parecía a una foto de cuando su madre tenía doce años, sólo que era aún más bella y poseía un resplandor que no había en aquella fotografía.
-¿Jugamos a las adivinanzas? -le preguntó Dany.
-¿No juegas con tus amigos?
-No tengo amigos. Los niños de mi barrio dicen que soy un sabelotodo.
-Azul dice que le has ganado en el juego de la verdad. No sé si hoy necesitas jugar a las adivinanzas.
Dany no recordaba que Azul hubiera comentado nada. Se preguntó cómo se lo habría dicho a Celeste.
-Todavía me duele mucho el muslo. Por favor.
-Bueno, está bien -concedió Azul-. Vamos a sentarnos en la entrada de la cueva.
Caminaron en la dirección del sol, para encontrar un punto abierto en la corona de riscos. Dany se preguntó por qué esa entrada estaba cada vez en un lugar diferente, siempre el más expuesto a la luz solar. Azul y Celeste le indicaron con un gesto que se sentara mientras ellos lo hacían dando la espalda a la cueva y de cara al sol, todavía cálido. Nunca había pasado Dany del umbral de la gruta, cuyo fulgor interior contemplaba ahora; un fulgor que centelleaba a la luz de media tarde en una gama infinita de azules; hermosos cristales de cuarzo, zafiros y amatistas cubrían el suelo, las paredes y el techo abovedado.
-¿Quién empieza? -preguntó Celeste.
-Primero tú, por favor -rogó Dany.
-¿Qué es el odio a lo desconocido, cuando lo desconocido nos parece conocido?
Dany trató, primero, de decidir si había lógica en la pregunta. ¿Cómo podía ser desconocido lo conocido? Cuando el maestro explicaba algo, sólo era desconocido mientras hablaba pero, al final, se convertía en conocido. Antes de la explicación, ni siquiera sospechaba que eso tan desconocido existiera.
-Lo desconocido deja de serlo cuando se lo conoce -afirmó Dany.
-Es una reflexión muy juiciosa, Dany -alabó Azul-, pero aún no has resuelto la adivinanza.
-¿Mi padre me conoce pero no me conoce?
-Estupendo -sonrió Celeste-. Vas por buen camino.
-¿El odio a lo desconocido es lo mismo que miedo? -preguntó.
-¡Has ganado! -exclamó Celeste-. Te toca, Azul.
-¿Qué es un reloj que destruye los relojitos? -la expresión de Azul era muy, muy pícara, y miraba fijamente a los ojos de Dany.
-El reloj es una cosa -afirmó Day-. No tiene voluntad para destruir nada.
-Piensa un poco más -sugirió Celeste-. Recuerda lo que os explicó el maestro en la clase del jueves de la semana pasada.
-¿Lo de los vasos comunicantes?
-No, Dany -respondió Azul-. Eso fue el miércoles. Piensa un poco más.
-El jueves... -Dany dudó-, creo que habló de Grecia.
-Exacto -concordó Celeste.
-¿Cronos no es una palabra que significa lo mismo que reloj?
-No, Dany -contradijo Azul-. "Cronos" significa tiempo y el reloj sirve para medir el tiempo.
-Pero el jueves, el maestro nos contó las canalladas que hacía el dios Cronos con sus hijos. ¿Relojes y relojitos no sería lo mismo que Cronos y "cronitos"?
-¡Otra vez has acertado! -alabó Celeste.
-¿Yo soy un relojito? -preguntó Dany con un ligero desfallecimiento en la voz.
-A veces -respondió Celeste.
-Cuando pareces un reloj más grande que tu hora -comentó Azul.
Al pronto, Dany no entendió qué significaba eso de parecer más grande que una hora, pero un sentimiento pesaroso le asaltó mientras meditaba. Por el peso de este sentimiento, comprendió el consejo que contenía el comentario de Azul.
-¿Sería mejor que mi padre creyera que soy un poco tonto? -preguntó Dany.
-Eres tú mismo quien debe contestar esa pregunta, Dany -respondió Azul.
-Ahora tú, Celeste. Di una adivinanza
-Ya has acertado dos -protestó la niña azul-. Di tú una.
Dany reflexionó un buen rato, subyugado por el fulgor de azules, violetas y celestes que brotaba de la cueva. ¿Qué podía preguntarles que sonara tan inteligente y tan misterioso como lo que preguntaban ellos? Sus referencias estaban limitadas al ámbito de su familia, la escuela y la calle donde vivía. Lo mismo que el trato de su padre, el de sus vecinos niños también era extraño, inexplicable; nunca le invitaban a jugar con ellos y parecían rehuirle. Desde el balcón de su casa, los había escuchado muchas veces jugar a las adivinanzas en los atardeceres de verano, pero sólo había conseguido memorizar algunas, que le parecían demasiado pueriles. Estrujó lo que pudo su imaginación, hasta que se le ocurrió:
-¿Qué es azul, metafísico e intanjable?
-Intangible -rectificó Azul.
-Eso. ¿Qué es azul, metafísico e intangible?
-¿Un sueño? -preguntó Celeste.
-No vale -protestó Dany-. Vosotros sabéis mucho más que yo.
-Alégrate -aconsejó Celeste-. Tu adivinanza estaba muy bien formulada, y no era obvia. Pero es muy fácil para un sueño adivinar que lo es.
-¿Vosotros sois mi sueño?
-Algo parecido -respondió Azul.
-Ya me duele menos el muslo. ¿Me dejaréis visitar esta vez vuestra... casa?
-Nuestra casa también es metafísica -se excusó Celeste.
-Nos tenemos que ir -anunció Azul, para desolación de Dany.
-Pero todavía me duele un poco.
-Nunca fuiste un quejica, Dany -reconvino Celeste-. No lo seas ahora.
-¿Vendréis mañana?
-Depende de ti -dijeron los dos, retirándose hacia el interior de la cueva.
Al instante, Dany palpó la oscura roca, a ver si podía encontrar la puerta que se había cerrado. La búsqueda fue inútil. Volvió renqueante a su casa y pasó junto a los niños que jugaban en la calle sin mirarlos, para que no advirtieran su ansia de participar.

La vez siguiente que subió a la colina, apenas podía ver con el ojo izquierdo, cuyo párpado estaba sumamente inflamado por el golpe. La aureola oscura hacía que la rendija entrecerrada de ese párpado pareciera el ojo de una bestia. Dany se palpó el labio, también inflamado, para anticipar si perdería o no el diente aflojado por el puñetazo. No fue capaz de llegar a ninguna conclusión. Para distinguir con claridad el sendero que conducía a la cima, tenía que llevar la cabeza un poco girada hacia la izquierda, a fin de enfocar mejor la imagen con el ojo derecho, el único útil en esos momentos. No lloraba. Sentía más rabia que dolor. Celeste le aguardaba ya junto a la entrada de la gruta, que, como era mediodía, se hallaba abierta mucho más hacia el este que la vez anterior, casi al lado de la piedra desde donde acostumbraba a contemplar el mar.
-Tu nariz es hoy un hermoso pimiento morrón -bromeó la niña azul, mientras sonaba una deliciosa melodía de caramillos y ocarinas que nunca antes había escuchado Dany.
-¿No viene el niño?
-Está recorriendo tu pasado de las últimas horas. Volverá en seguida. ¿Has sido demasiado listo esta vez?
-La causa es otra.
-¿Cuál?
-Ayer le pedí a mi abuelo que me comprara los libros para estudiar el curso que viene, porque mi padre me había dicho que no.
-¿Y tu abuelo se lo comunicó a tu padre?
-Sí. ¿Jugamos?
-¿Crees que puedes? Sólo ves por el ojo derecho.
-¿Y qué?
-Te falta percepción. ¿No prefieres descansar?
-Descanso cuando juego con vosotros.
-Siendo así, jugaremos al juego de la verdad. Ya lo conoces, ¿no?
Dany asintió y dijo:
-¿Empiezo yo?
-Sí, pero no hagas preguntas que sepas que no puedo responder.
-El otro día, dijisteis que sois algo parecido a mis sueños. ¿Significa eso que os invento yo y no existís?
-Existimos. ¿Tu abuelo te dio el dinero?
-No; dijo que se lo pensaría. Si existís más allá de mis sueños, ¿sois el sueño de todos los niños?
-Somos algo más. Muchísimo más. ¿Tu madre no protesta cuando tu padre te golpea?
-Creo que tiene miedo. ¿Sois ángeles?
-Tenemos una existencia más material que ellos. ¿Ves mi sombra?
-Sí; es azul.
-Pero ésa no era mi pregunta. ¿Sabes ya por qué te castiga tu padre?
-Vosotros me hicisteis pensar que no le gusta que yo sea... listo.
-¿No tienes pregunta?
-Creo que existís aquí y ahora porque yo lo deseo.
-Eso no es una pregunta, sino una afirmación. Siempre aciertas el juego. Pero no seas presuntuoso... Nosotros no sólo existimos por ti.
-Tengo una pregunta. ¿Me dejaréis algún día visitar la cueva?
-Si pudieras entrar, sería una malísima señal.
-¿Como que yo habría muerto?
-Es normal que tu padre odie tu inteligencia, lo mismo que los niños de tu barrio. Yo también la odio un poco en ciertos momentos.
-Mientes.
-Sí.
-Cuando os hago esa clase de preguntas, nunca me engañáis. ¿Tenéis prohibido mentir de verdad, o sea, hacer que uno se convenza de lo contrario de lo que es real?
-Existimos para ayudarte a encontrar la verdad y, por lo tanto, no podemos ayudar a engañarte. Ahí llega Azul.
Éste surgió de la sombra de un algarrobo, en la dirección señalada por Celeste. Como no solía verlos de lejos, nunca había prestado Dany atención al modo de desplazarse de los dos niños, teniendo en cuenta la transparencia azul de su cuerpo. Azul caminaba como todos los niños que no eran azules, aunque sus movimientos parecían más gráciles que los de cualquier otro.
-Necesitas ocho libros y una colección de apuntes que te dan en fotocopias -dijo el recién llegado-. Nosotros podríamos ayudarte a conseguirlos, pero deberías estar dispuesto a correr un riesgo gravísimo.
-¿Como saltar este tajo?
-Mayor aún. ¿Tienes coraje?
-¿Ahora?
-¿No te sientes capaz?
-¿Podré ver con los dos ojos?
-Verás con todos los ojos.
-Vamos.
-En ningún momento trates de tocarnos. Promete que, sean cuales sean las circunstancias, no lo vas a intentar.
-Lo prometo.
Dany advirtió que no tenía peso y su sombra se había vuelto azul.
-Abuelo, ¿por qué tuviste que decírselo a mi padre?
El abuelo no respondió. Ni siquiera lo miró.
-Mamá, ¿por qué no me defiendes cuando mi padre... se enfada?
La madre continuó con su tarea, como si no oyese. Pero Dany descubrió con extrañeza que rodaba una lágrima por su mejilla.
-Buenas tardes, doña Piedad.
La vecina del piso de al lado, en el mismo descansillo donde estaba su vivienda, no lo miró. Continuó hablando con doña Carmen, la vecina del piso de abajo: "De hoy no puede pasar. Tenemos que presentar la denuncia".
-Papá, ¿me odias?
El padre pestañeó, al tiempo que se sacudía la frente con la mano, como si intentase espantar una mosca o una idea desagradable. Dany notó que, aunque veía bien su cara, lo miraba un poco desde arriba, como si su estatura se hubiera vuelto superior a la de él. Recordó a Azul y Celeste y los buscó con la mirada. Se encontraban a cierta distancia, a su izquierda y su derecha y, entonces, comprendió que estaba suspendido en el aire. Sintió pavor, pero reprimió el vehemente deseo de agarrarse a uno de ellos, o a los dos. Creyó que su padre sí podía verlo.
-Papá... no te enfades conmigo. ¿Me odias?
El padre volvió a agitar la mano ante su frente.
-¿Qué supones que le pasa? -preguntó Celeste.
-Algo le molesta en la cabeza.
-Sí -concordó Azul-, pero no por fuera. Algo le molesta en la cabeza... pero por dentro.
-¿Cómo lo sabes?
-Supones que tu padre es un mineral o un ser monstruoso -afirmó Celeste.
-No. Yo lo quiero.
-Repítelo -exigió Azul.
-Yo lo quiero.
-¿Aunque te torture? -preguntó Celeste-. ¿No es superior tu rencor?
-Todos los niños juegan y ríen con sus padres. A mí me gustaría también jugar y reír con el mío. Lo necesito.
-Lo que le molesta a tu padre en la cabeza -afirmó Azul- es la conciencia.
-¿Se arrepiente cuando me pega?
De repente, ya no estaba suspendido en el aire y su abuelo, su madre, doña Piedad, doña Carmen y su padre se habían esfumado. La colina era azul, las rocas eran azules y el panorama de la ciudad era azul, mientras que el mar resplandecía como plata bruñida y los niños azules se habían vuelto de luz.
-¿Me escucháis? -preguntó Dany.
-Sólo si dices lo que debes decir -respondió Celeste.
-Mi padre se arrepiente cuando me pega.
-Repítelo -pidió Azul.
-He comprendido que mi padre se arrepiente siempre que me pega.
Los niños azules desaparecieron, la colina volvía a ser de color pardo, los árboles verdes, la ciudad gris y el mar, azul.

Dany recorrió con dificultad el camino de vuelta a casa. Le dolía mucho el labio y la molestia del ojo izquierdo era insoportable. Había dos hombres golpeando la puerta de su casa, dos hombres azules, azul muy oscuro. Eran policías.
Sintió temor, un miedo cuya naturaleza ignoraba, y por ello se escondió en un recodo de la escalera. Oyó:
-¿Está su marido, señora?
-¡Juan! -llamó su madre, sin moverse de la puerta.
-¿Sí? -preguntó su padre.
-Tenemos que hacerle unas preguntas. Hay una queja muy seria de los vecinos contra usted. En realidad, se trata de una denuncia por malos tratos a un menor.
-Yo...
-¿Qué tiene usted que alegar?
-La denuncia es cierta -dijo su madre con tono vacilante y una especie de quejido aterrorizado en la voz.
-¡Marta!
-Sí, Juan. Esto no puede continuar. Vas a convertir a nuestro hijo en un animalillo asustado, lo mismo en que me has convertido a mí.
-¿Desea usted denunciar a su marido, señora?
-¡Marta!
-Si lo convencen ustedes de que no vuelva a ponerle la mano encima al niño, no la presentaré. Pero si, a pesar de la promesa, vuelve a pegarle, los vecinos no tendrán que denunciarlo. Seré yo quien lo haga.
-Mire usted, señor Juan Jara; si sus vecinos no retiran la denuncia, el juez va a privarle de la patria potestad de su hijo y tal vez lo encierre durante algunos años, como usted se merece. Personalmente, me alegraría mucho verlo en la cárcel, porque es una cobardía asquerosa pegar a un niño que no le llegará ni a la cintura. ¿Qué tiene usted que decir?
-Les juro por Dios y por mis muertos que nunca volveré a ponerle a mi hijo la mano encima.
-Informaremos de que nos ha dicho usted eso. Pero tendrá que convencer a sus vecinos para que retiren la denuncia; si no, lo va a tener usted muy crudo. Si de mí dependiera, yo les aconsejaría que no la retiren. Es que no hay derecho, oiga. ¿Podemos hablar con su hijo?

Dany corrió escaleras abajo para no tener que contestar preguntas de los policías en presencia de su padre y, sobre todo, para que no vieran el aspecto que presentaba su cara, y volvió a la calle. ¿Qué consecuencias podían derivarse de la visita? ¿No empeoraría su situación? Todavía no había oscurecido del todo, podía entretenerse una hora o dos en la calle y volvería a su casa justo a la hora de la cena, que era lo que ellos le exigían.
-¿Te has caído? -le preguntó un niño llamado Pepe Luis, el más voluminoso de los muchachos de su edad entre los vecinos de la calle y el que más huraño solía mostrarse con él cuando intentaba participar en los juegos.
-Sí, por la escalera -respondió Dany sin vacilar.
-Pues te pareces a Frankestein.
Dany sonrió. Intuía que era una broma amable, no un sarcasmo.
-Tengo el ojo a la virulé. No veo ni tres un burro.
Pepe Luis soltó una carcajada, como si el comentario le hubiera parecido divertidísimo.
-¿Quieres jugar? -preguntó el chico grandón.
-¿A qué?
-Al chiquirindongui. Sólo somos tres: nos falta el cuarto.
-Con este ojo ciego, me las vais a comer todas.
-Por eso te invito -ironizó Pepe Luis-. Me darás ventaja.
Dany volvió a intuir que era una broma amable.
Jugó cuatro partidas de parchís, de las que ganó tres. En la cuarta, le pareció que sería mejor dejarse ganar, para no provocar la inquina de quienes se mostraban repentinamente dispuestos a permitirle ser su camarada.
Subió las escaleras de su casa con prevención porque se había pasado unos minutos de la hora, pero, sobre todo, por la visita de los policías. Su madre le sonrió esplendorosamente al abrirle la puerta y se giró hacia la mesita de la sala, al lado de la cual se encontraba su padre sentado. Encima de la mesa, nuevos y relucientes, estaban los ocho libros. Corrió a abrazar a su padre, que le dio un beso.
-Perdóname hijo -murmuró en su oído.
Absorto en los libros y en el recuerdo de lo grata que había sido la partida de parchís, Dany olvidó a los niños azules.

lunes, 10 de octubre de 2011

La más insigne voz de amor gay WALT WHITMAN


(West Hills, EE UU, 1819 - Camden, id., 1892) Poeta estadounidense. Hijo de madre holandesa y padre británico, fue el segundo de los nueve vástagos de una familia con escasos recursos económicos. Pasó sólo ocasionalmente por la escuela y pronto tuvo que empezar a trabajar, primero, y a pesar de su escasa formación académica, como maestro itinerante, y más tarde en una imprenta.

Allí se despertó su afición por el periodismo, interés que le llevó a trabajar en varios diarios y revistas neoyorquinos. Nombrado director del Brooklyn Eagle en 1846, permaneció en el cargo sólo dos años debido a su disconformidad con la línea abiertamente proesclavista defendida por el periódico. Su afición por la ópera (género que influyó enormemente en su obra poética) le permitió coincidir en una noche de estreno con un dirigente del periódico de Nueva Orleans Crescent, quien lo convenció para que dejara Nueva York y aceptase una oferta para trabajar en el diario.

Durante el viaje hacia al Sur, que emprendió en 1848, tuvo la oportunidad de contemplar una realidad, la de provincias, para él totalmente desconocida y que, en definitiva, sería decisiva para su carrera futura. Por todo este conjunto de experiencias, cuando regresó a Nueva York, unos meses después, abandonó el periodismo y se entregó por completo a la escritura.

La primera edición de su gran obra, sin embargo, no vio la luz hasta 1855. Esta primera edición de Hojas de hierba (Leaves of grass) (habría otras ocho en vida del poeta) constaba de doce poemas, todos ellos sin título, y fue el propio Whitman quien se encargó de editarla y de llevarla a la imprenta. De los mil ejemplares de la tirada, Whitman vendió pocos y regaló la mayoría, uno de ellos a Ralph Waldo Emerson, importante figura de la escena literaria estadounidense y su primer admirador. Su crítica, muy positiva, motivó a Whitman para seguir escribiendo, a pesar de su ruinosa situación económica y de la nula repercusión que, en general, habían tenido sus poemas.

domingo, 9 de octubre de 2011

CUENTOS DEL AMOR VIRIL. LUIS MELERO..... PIGMALIÓN DEL PLATA



Joserra Albaya desvió los ojos para que el arquitecto sentado enfrente no sorprendiera el brillo de ironía. Sonaba el tanguillo "La lotera", cantado por Lola Flores, "y en er metro me dan siempre coba palante y patrá, palante y patrá..." , y el arquitecto gordinflón de pelo grasiento seguía el ritmo con los hombros, sin parar de mirarle con la intensidad escrutadora con que había venido haciéndolo desde que Joserra llegara de España.


Como tantas innovaciones operadas en el estudio durante el último mes, la instalación del compact había sido iniciativa de Joserra.
Navarro, cazurrón, bromista y arquitecto recién graduado, que le ofrecieran en Madrid un training de un año en Buenos Aires le pareció tan insólito como que alguien le propusiera aprender ruso en Marruecos. La empresa madrileña había ganado la licitación internacional para construir una central hidroeléctrica en Argentina y, según sospechó Joserra, necesitaban sobre el terreno arquitectos e ingenieros propios, que impusieran a los empleados locales los puntos de vista defendidos por los directivos españoles.
A los tres o cuatro días de ocupar la mesa de dibujo, Joserra se rebeló.
El silencio, la circunspección y el ensimismamiento de sus compañeros de trabajo eran tan completos, que podía escuchar el sonido del lápiz que alguien posaba sobre el papel, la goma de borrar que corregía un error o el rotring que trazaba una recta. Un silencio opresivo que le punzaba los nervios y le hacía sentirse atrapado en un mausoleo. Comenzó por tararear jotas navarras mientras dibujaba, siguió poniéndose a contar chistes a todas horas mientras los otros miraban de reojo por si se hundía el universo, continuó escenificando a ratos cómo driblar a los toros en los encierros de san Fermín y acabó solicitando a la dirección que le permitieran llevar el compact, solicitud que fue aceptada. Además de las canciones de Bruce, Cher y Elton que más le gustaban, recolectó toda la música española que encontró en las tiendas bonaerenses de discos, que en su mayor parte era andaluza y pasada de moda. Los tanguillos de la lotera que cantaba Lola Flores fueron el descubrimiento que más le alegró, y los hacía sonar con frecuencia.
Los compañeros continuaban comportándose con la misma solemnidad, pero todos le decían lo mismo en las pausas del café:
-Che, Joserra; con vos, el estudio se volvió más divertido. Trajiste un soplo de aire fresco de la madre patria.

-¿Comés por acá cerca? -le preguntó el arquitecto gordo.
-Sí, pero no ahora -respóndió Joserra-. Antes, voy a dar una vuelta por Florida. Necesito comprar ropa.
-¿Te importa que vaya con vos?
Joserra notó el esfuerzo que hacía para vencer su timidez. Se preguntó por qué era tan descuidado con su aspecto alguien tan joven; debía de arrastrar alguna clase de complejos, porque no era natural que se comportase con tanto abatimiento, siendo como era, según había comprobado, un buen profesional. En los ojos entristecidos por algún dolor interior, había una súplica.
Aceptó que le acompañase, pero no sabía de qué hablar con él.
-Me llamo Sandro -dijo el gordito-. Nunca antes escuché tu nombre.
-Joserra es la contracción de José y Ramón.
-¡Oh! Entiendo.
No volvió a abrir la boca. Mientras andaban, Joserrá observó de reojo que a veces movía levemente la cabeza, como si se desalentara a sí mismo de decir algo que había ensayado mentalmente. Le compadeció; su languidez debía de ser el síntoma de un ánimo torturado por problemas más hondos que la simple deformidad física. En la tienda, mientras se probaba ropa, notó a través del espejo que Sandro se turbaba cuando él se cambiaba de camisa o de pantalones, mostrando con despreocupación la sensualidad de una desnudez de la que estaba muy orgulloso. Habitualmente desinhibido, Joserra sintió que se contagiaba de la incomodidad de Sandro.
-¿No piensas comprar nada? -le preguntó para aflojar la tensión.
-No. La ropa de esta tienda es inadecuada para mí.
-¿Por qué? Tienes... ¿qué edad?; más o menos la misma que yo.
-Veintiocho, pero mis medidas no lucen la ropa como las tuyas. Vos podés ponerte lo que quieras, que todo te queda bien. Yo...
-¡Qué tontería, hombre, por Dios! Aquí hay ropa de tu talla.
-Los michelines me hacen sentir ridículo...
-¿Por qué no adelgazas?
Sandro apretó los labios, por lo que Joserra entendió que había sido inoportuno preguntarlo. Sandro había enrojecido al tiempo que le cubría un velo de tristeza. Para rectificar, se acercó a él y le empujó hacia el espejo.
-Este peinado no te favorece, Sandro. ¿Te parece que en vez de emplear el tiempo en el restaurante, compremos una hamburguesa y vayamos a una peluquería?
-¿Vos creés?
-Por supuesto.
Mientras el peluquero hacía su trabajo según las indicaciones de Joserra, éste meditó sobre el reflejo de Sandro. Tenía los ojos muy grandes, de color miel, pero el abultamiento de sus mejillas los empequeñecía: su nariz resultaría muy proporcionada en una cara más magra; la boca sería hermosa y sensual si no estuviera apretada permanentemente por un rictus.
A la media hora, el pelo empegostado y largo dio paso a un corte que mantenía de punta su abundancia, de color dorado ceniciento, en la parte superior y quedaba rapado en los laterales y la nuca. El propio Joserra se admiró del cambio.
-Me siento diferente -comentó Sandro.
-Te has quitado diez años y varios kilos -bromeó Joserra.
-¿Vos creés?

Pasaron varias semanas. Sandro mantenía su retraimiento, pero Joserra notó que el cambio de corte de pelo era advertido y celebrado por las compañeras de trabajo. Sintió que había hecho una buena obra, lamentando, sin embargo, que los cambios se hubieran limitado al pelo.
Pero un día le pareció que la oronda figura de Sandro se estaba estilizando.
-¿Estás a dieta? -le preguntó.
-¡Lo notaste!
-Por supuesto. Estás más delgado, sin duda.
Sandro sonrió gozosamente. Era la primera vez que le veía reír enseñando los dientes, una regular y blanquísima dentadura que no comprendía por qué ocultaba con tanto celo.
-Deberías ir al gimnasio.
-¿Vos creés?
-Por supuesto. Si adelgazas muy rápido, te vas a quedar fofo. Un poco de pesas te vendría muy bien. Yo voy todas las noches.
-¿Puedo...
-¿Qué?
-¿Puedo ir con vos?
-¿Por qué no?
La primera vez que fueron, notó en los vestuarios que Sandro era de los poquísimos que se encerraban para cambiarse de ropa en una cabina, en vez de hacerlo en la zona común. Supuso que su pudor no se debía al exceso de grasa, sino al temor a mostrar ante él los genitales, que en los cuerpos gruesos solían aparecer minimizados y hasta ocultos entre los pliegues de piel adiposa. Sonrió. Minimizados o no, los genitales de Sandro le importaban tan poco como su dueño, un hombre cuya conducta social discurría entre rubores, abatimiento de la cabeza y titubeos, a pesar de sobrarle el talento profesional que debería enorgullecerle y permitirle andar con la cabeza erguida.

A los seis meses de gimnasio, Sandro salió de la ducha y, sin apenas enjugarse, se despojó frente a Joserra de la toalla anudada a su cintura.
-¡Joder, Sandro!
-¿Qué?
-Con ese pollón, volverás locas a las tías.
-¿Vos creés?
-Por supuesto. Bueno... creo yo.
-Yo... quería saber qué opinás; ¿pensás que adelgacé lo suficiente?
Joserra llevaba muchas semanas con el asombro en aumento. Mostrando una tenacidad que contradecía su conducta dubitativa, Sandro respetaba el régimen escrupulosamente, lo que, junto con las martirizantes sesiones de gimnasia, había cambiado su cuerpo hasta hacerle parecer otro. No se había convertido en un Hércules, pero ya no le colgaban morcillas de la cintura, los hombros se le habían cuadrado y los pectorales y abdominales comenzaban a marcársele.
-Me parece que sí, pero no debería decírtelo, no sea que te dé por abandonar la dieta. Todavía necesitas afirmar los músculos un poco más y reducir la cintura.
-Junto a vos, me siento una porquería.
-¡Qué estupidez!
-¡La concha de la lora, Joserra! Es que tu cuerpo me da una envidia...
-Yo... -Joserra se sintió violento-. Joder, Sandro, que no soy ningún Adonis. Sólo que, como jugué bastante al tenis antes de ir a la universidad...
-Pues tenés cuerpo de atleta. Y yo..., mirame, parezco un tarugo...
-No, joder, Sandro. Estás progresando con una rapidez increíble y, según los resultados de estos seis meses, antes de que vuelva a España me habrás superado. Estarás mucho más buenorro que yo.
-¿Vos creés?
-Por supuesto.
-¿Cuando volvés a España?
-Dentro de cuatro meses.
Sandro apretó los labios. A Joserra le pareció que había una resolución nueva en ellos.

-¿Querés ayudarme a elegir ropa mañana? -preguntó Sandro una noche en la ducha, después de la gimnasia.
Joserra le estaba observando desde que comenzaran a ducharse. Los nueve meses de pesas habían operado un milagro asombroso. No sólo en el cuerpo, que había evolucionado desde la gordura a lo escultural, sino en el rostro: los pómulos de Sandro emergían altos y tallados sobre las mejillas firmes y hundidas, que resaltaban el sólido mentón de italiano del norte, que sin duda era el origen de su familia; encima de los pómulos, brillaban ahora los ojos con todo su poderío bajo las perfectamente dibujadas cejas de patricio romano. Sandro se había convertido en un hombre atractivo en exceso y, a pesar de ello, no abandonaba su actitud de apocamiento.
-Por supuesto. ¿A la hora del almuerzo, como el día que me acompañaste?
Al salir del estudio, compraron dos hamburguesas para no perder tiempo. En estado hipnótico, Joserra asistió a la metamorfosis que se operaba en su presencia, conforme Sandro iba probándose la ropa que le aconsejaba y desechaba los ampulosos pantalones como sacos y la camisa de aspecto carcelario. No se trataba sólo del cambio de aspecto; también notaba un cambio de actitud.
Cuando salieron de la tienda, Sandro tiró a la papelera la bolsa que contenía la ropa que usaba antes de entrar. Joserra se paró con los brazos en jarras, para mirarle de arriba abajo.
-Si alguien comparase tu imagen de ahora con el fulano que conocí hace once meses, pensaría que eres otro.
-¿Vos creés?
-Por supuesto, Sandro. ¿No lo notas en el trato de la gente, sobre todo las mujeres?
-Yo...
-¿Qué?
-Apenas salgo por ahí. Sólo me interesa el trabajo, porque vos...
-¿Qué?
Joserra notó que las mejillas de Sandro enrojecían de rubor.
-Pues si no te veo ligar a manta antes de volver a España, te cortaré la polla con mis manos.
Sandro volvió a apretar los labios; sus hermosos ojos se entristecieron.

Los compañeros le organizaron un asado de despedida que duró toda la noche previa a la partida. Pero sólo Sandro le acompañó al aeropuerto.
Según avanzaban entre la gente, Joserra notaba las miradas codiciosas que las mujeres les dirigían a los dos, pero, sobre todo, a Sandro. Sonrió. En cierto modo, había ejercido de Pigmalión con él, lo que le enorgullecía. Sandro tendría mucho más éxito en lo sucesivo, no sólo en la vida social; también su fortuna profesional aumentaría, puesto que ya era perceptible en las reuniones el cambio de actitud de sus jefes.
-No sé qué haré ahora...
-No te comprendo, Sandro.
-Vos...
-¿Qué?
-Significás mucho para mí.
-Ah, ¿sí?
-Tanto, que... temo que, ahora que te marchás, volveré a ser el que era antes de conocerte.
-Te mato a larga distancia si me entero de que vuelves a engordar y te descuidas de nuevo.
-Sin vos...
-¿Qué?
-Ya nada será igual.
Algo en el tono de su voz hizo que Joserra mirase a los ojos de Sandro. Estaban húmedos. El descubrimento le estremeció.
-Joder, Sandro, que yo sólo soy un cachondo mental sin importancia. No te pongas triste... Ni soy Ulises ni tú eres... Penélope.
-Sí.
-¿Qué?
-Voy a esperarte como Penélope.
Joserra se sintió tremendamente incómodo.
-Cambiaste mi vida, Joserra. Debes saberlo.
-Yo no he hecho más que darte consejos.
-Hiciste mucho más.
-¿De veras?
-Me convertiste en otra persona.
-Si es así, estoy seguro de que el cambio es definitivo y maravilloso.
-¿Vos creés?
-Por supuesto.

Madrid no le gustaba tanto como antes. Lo había descubierto en sólo una semana. En Argentina, como en toda Hispanoamérica, la gente hablaba con mayor sinceridad y los sentimientos se expresaban sin tapujos. Con tanto esforzarse por ello, España se iba pareciendo demasiado a Europa; la frialdad insolidaria con el vecino representaba el síntoma más detestable. Ignoraba por qué esta constatación le desagradaba, por qué se sentía de repente melancólico, hasta que recibió la carta:
"Querido Joserra:
"Desde que tu avión partió, estuvimos toda la mañana callados. De nuevo se podía escuchar el rumor de los lápices, las gomas de borrar y los rotrings.
"Todos guardaban silencio.
"Cuando salimos a comer, tu ausencia era como si se hubiera helado el aire.
"Al regresar, había algo pesado que se abatía sobre el estudio.
"A las cuatro de la tarde, estallé. No pude evitar gritar que tu marcha me repateaba el hígado, que sin vos no quiero continuar aquí, que me meteré a misionero en El Chaco o a lacero en la Patagonia. No puedo soportar que no estés, me hace sentir pelotudo que cuando estabas... yo no te dijera...
"Cambié, sí, por tus consejos. Pero seguí tus consejos para vos, ¿entendés? La nueva persona en que me convestiste nació sólo por el afán de agradarte. Esto que siento duele tanto, que creo que moriré. ¿Nunca volveré a verte?
"¡Jamás volverés a verte!.
"Son las doce de la noche. Sin la esperanza de encontrarte mañana al llegar al trabajo, de escucharte cantar jotas navarras, de reír con tus chistes, de meditar tus consejos, ¿cómo podré sobrevivir a la pesadilla que me espera?
"No sobreviviré".

"Dentro de cinco minutos tomaremos tierra en el aeropuerto de Ezeiza. Apaguen los cigarrillos y pongan sus asientos en posición vertical. Gracias por volar con nosotros"
Joserra miró por la ventanilla. El paisaje ilimitado de Buenos Aires ocupaba todo el panorama cortado por el Río de la Plata en el nordeste, un paisaje de casas entre jacarandás, rosales y azaleas que formaban cuadrículas organizadas como un tablero de ajedrez. Solamente una pieza del damero le interesaba.
Había permanecido dos meses en Madrid y le parecía que hubiera transcurrido un año. La empresa aceptó encantada su solicitud de traslado definitivo a la sucursal de Buenos Aires; habían ganado dos nuevas licitaciones y preparaban trabajo para varios años. Era muy conveniente tener en Argentina a un arquitecto joven y ambicioso que pudiera dirigir muy pronto los intereses españoles de la sucursal.
En cuanto retiró el equipaje, Joserra corrió impaciente hacia la salida.
Sandro no le dio tiempo a pensárselo. La fuerza de su abrazo le hizo soltar las maletas. Sonrió a la gente que les miraba al pasar, sorprendida y escandalizada porque dos hombres se besaran en los labios.